EL FILANDÓN

La Asociación Reino de León de Alicante celebra anualmente, al acercarse las fiestas navideñas, un Filandón al amor de una lumbre.

El día 15 de diciembre del año 2.000, tras una opípara cena leonesa, al amor de una lumbre nos reunimos cerca de un centenar de personas dispuestos para disfrutar del filandón, contando y escuchando historias más o menos verídicas.

Para esta ocasión ofició de introductor nuestro asociado Don Fernando Gaona Martín, que nos ilustró sobre el origen, significado y desarrollo del tradicional filandón.

Por su enorme interés reproducimos a continuación la animada representación de Fernando, al que no podemos por menos que agradecer el enorme interés y esfuerzo empleados.


EL FILANDÓN BERCIANO

Las gentes se reúnen después de cenar en el horno comunal (Cuecen el pan por riguroso orden y siempre está caliente) o cocinas espaciosas o en la de aquel vecino más socarrón y hospitalario.

A la hora señalada, van llegando poco a poco los hombres, unos con varas de mimbre (cestos) o tiras finas de madera para hacer sus maniegos, otros con los botos de mazar la leche. Las mujeres, con la rueca, el huso , lana , lino y estopa para hilar.

Las mozas bordarán sus ajuares o la camisa de lino para su prometido que regalaban el día de la petición de mano. Los mozos llegaban los últimos porque acababan de echar la ronda que era como el aviso del comienzo del Filandón. Los mozos no hacen nada solo hablar con las mozas y prenderle la estopa a alguna hilandera descuidada.

En el centro cuelga de una pregancia sobre las brasas, el tambor de las castañas que un mozo remueve continuamente.

Se alumbran con aguzos o gabuzos, palos secos de brezo o de urz que tiene una llama muy clara y luminosa.

Cuando están todos reunidos comienza la agradable velada. Los que llevaron el odre con la elche, después de dejarla calentar unos minutos al pie de la lumbre, comienzan a mazarla con un vaivén rítmico que alguno acompaña con canciones cadenciosas que recuerdan a los arrullos de los niños.

Mazate leche

En boto mazado

Que mucha manteca

Me tienen apartado

Mazate leche

De mi vaca loura

Y aparta manteca

Que eres leche buena

A ro, ro, ro, ro, ro, ro, ro.

Cada cual se entretiene en sus labores. Sobre el Chocolateo de los botos se sobrepone  el alegre griterío de los jóvenes o las conversaciones graves de las viejas hilanderas que con la rueca colocada a la cintura hacer girar vertiginosamente el huso. El mazador prosigue absorto en el movimiento de sus brazos y continua con su canción

Mazate leche

Mazate nata

Sino te mazas

Te daré a la gata.

Mazate leche

Con tu rebullin

Para mi la manteca

Y la leche para ti

Los cesteros siguen a su labor. Algunos más "curiosos y apañaos" pasan el tiempo decorando unas galochas nuevas. A veces los niños van la Filandón. Entonces los protagonistas de las reuniones son los más ancianos. A petición de la concurrencia relatan las historias más curiosas de sucesos unas veces legendarios, otros históricos pero deformados con el correr de las noches de tertulia. Contarán inevitablemente  la leyenda del lago de Carucedo, la de San Genadio protector del Bierzo, hablarán de las mozas que en la noche de San Juan salen a peinarse en los arroyos y que son princesas que están esperando al mozo que se llegue a ellas y sepa desencantarlas; contarán leyendas de aparecidos y almas en pena y algun anciano lago más culto referirá como verídicos los amores de don Alvaro Yánez y doña Beatriz de Osorio.

Cuando avanzada la noche han dado remate a su labor, todos se agolpan junto al fuego, se sacan las castañas, se pasa de mano en mano el vino caliente y azucarado que han traído de la taberna y entre ronda y ronda del jarro, se juega a las cusillinas, acertijos con los que los más sabios ponen a prueba el ingenio de su auditorio.

Se canta, se baila, se cuentan chistes y chismes.

Pero un buen día la juventud  ha decidido preparar un Filandón para ellos solos. Lo hacen en el más estricto secreto y nadie se ha enterado. Bueno, solo alguien más: unas pandereteras y algunos ancianos ocurrentes que lejos de estorbar ponen su nota jocosa en la reunión. Además no está bien visto que la juventud se reúna sola, bajo el pretexto de que siempre tiene que haber alguien que vele por las buenas costumbres. A pesar de estos cuidados, muchas madres no dejarán ir a sus hijas al Filandón; pero las muchachas sabrán burlar la vigilancias de sus guardianes.

La cuidada de mi madre

Madre de mi corazón

Piensa que estoy en la cama

Y estoy en el Filandón

Además la autoridad eclesiástica lo ha prohibido. El cura ha leído en la Iglesia unas cartas recibidas del Obispado de Astorga donde prohíbe estas costumbres y otras parecidas.

Los mozos y las mozas bailan al son de la pandereta, la jota, las boleras o el corrido. De pronto, el mozo más avispado apaga el aguzo. Un sobresalto recorre todo el Filandón, gritos de las mozas e improperios de los viejos que ponen cara de circunstancias mientras recuerdan aquellos años ya lejanos cuando ellos esperaban también ese momento.

Después de comer las castañas y beber el vino, con el calor de la queimadina  las viejas templan la pandereta y entonan las danzas rituales:

Una berciana en el Bierzo

Vendió siete castañares

Para comprarse en la feria

Vuelta y media de corales.

Y continúa la solista alzando la voz por encima del acompasado ritmo del pandero.

Una noche que fui al filandero

Ay, al tiempo de ir a pasar

Engánchaseme una arbedeira

Que rompió me todo el delantal.

Ten cuidado rapacina

No te vayas a engañar

Que los rapaces son tunos

Y en tiempo pudote pasar.

La reunión sigue en este tono hasta que las pandereteras juzgan que es la hora de finalizar y entonan las despedidas:

Vamonos de aquí señores

Que las estrellas van altas

Ya viene la luz de día

Descubriendo nuestras faltas

La comitiva se deshace lentamente. Por un momento recorre el pueblo un galocheo acompasado y el débil resplandor de los fachizos de paja, ponen una nota luminosa en la tremenda oscuridad de la noche berciana. A lo lejos algún mozo remolón aún entona con voz ronca:

La despedida les doy

Poco tiempo va a durar

Que en el filandón de mañana

Nos volvemos a encontrar


EL FILANDÓN DE BABIA Y OMAÑA

Ø      Recuerda los filandones  cuando vivía su madre tomando copitas de licor de Coyanza con la receta que le había dado la maestra de Valencia de Don Juan, Doña Ricarda.

Ø     Se sientan en el escaño y como del licor aquel ya no queda van a probar la tarta babiana con una mostacilla.

Ø     Es tarta de pastores y, como tal, de migas. Receta: un cuarto de mantequilla fresca, un trozo de hogaza reposado por lo menos dos días, cuatro huevos, un tazón de leche y azúcar. La dificultad está en darle el punto.

Ø     Modo de hacerla: En un recipiente que sea un poco extendido echas la mantequilla a diluir, al fuego. Rayas o desmenuzas bien el pan y lo viertes para que vaya friendo en la mantequilla, que quede bien empapado en ella. Agregas tres cucharadas de azúcar y lo mezclas todo bien,  y ya lo quitas de la lumbre. Bates cuatro huevos bien batidos y les agregas un tazón de leche. Lo echas todo en el recipiente mezclándolo, bien removido. Añades un poco de azucar  si ves que la necesita, porque tiene que estar dulce y al horno. La torta sube y cuando la ves completamente dorada la sacas.  Baja entonces un poco y lista para comer.

Ø     También prueban los hojaldres.

Ø     Así eran los buenos filandones empezabas cascando una nueces y se terminaba sacando el brazo de gitano.

Ø     Jesús dice del dicho de "estar en Babia" y las distintas interpretaciones:

1.       La más corriente es la que recogió Víctor de la Serna en su libro donde, por cierto, a Babia la llama la tierra de los perfumistas, porque babianos eran los que hacían aquella colonia que fue tan famosa en Madrid.  Se refería los Álvarez Gómez. Se dice que a los reyes de León les gustaba venir a Babia para evadirse de los pleitos y de las intrigas de la Corte. Para ellos era un paraíso donde correr los corzos, osos y jabalís. Claro que con el Monarca ausente, los nobles intigraban a sus anchas, y los súbditos leoneses decían: El Rey está en Babia" con lo que daban a entender que el Rey no quería saber nada de nada.  "Estar en Babia"  se dice que es unestado psicológico que se encuentra a medias entre el "dolce lar niente" y el "no quiero saber nada.

2.     Ramiro dice que esa interpretación es como la más vistosa y extendida, pero no tiene traza de ser verdadera. Le parece mejor laque da Manolo Rabanal en un artículo que publicó un periódico de Madrid. Y que además  es una interpretación que coincide con el romance que precisamente se titula, o así se le conoce, como Romance del Pastor que estaba en Babia.

Es una interpretación más realista porque los pastores babianos dejaban todo  cuando se iban a Extremadura, eran unos meses lejos de la familia, de los seres queridos, lejos de sus pueblos. Y estar en Babia era el gesto ausente, ensimismado, de su nostalgia y de su recuerdo tan vivo y tan lógico. Imagina, además, la vida solitaria del pastor, aparte de que el babiano (como dice la Pícara Justina del leonés en general) es muy morido de su tierra.

Ø      El Romance del pastor que estaba en Babia dice así:
Cuando la noche se abaja
   Toda en su manto guarnida
Ya se avivan en el chozo
Brasas de melancolía,
Ya está la majada quieta
Tan ordenada y cumplida
Y ya señorea la luna
Sobre la tierra enganida.
El pastor ovejerico
Es un puño en su pelliza.
Ladra el mastín en el cerro,
Runrunean las esquilas,
La noche, toda se encalma
Con las estrellas furtivas.
Ay, el mi pastor galano
Que en vez de cantar suspira
Cómo le vienen y avanzan
Visiones de lejanía,
Recuerdos de tierra luenga,
Ecos de las tierra frías,
Y un dulce clamor que hiere,
En el alma estremecida.
Ya está en el chozo la Babia
 Siempre llevada y traída
Tan lejana, tan lejana,
Y en el corazón metida.
El ovejerico sueña
De la su novia caricias
Y sueña de la su madre
Carantoñas y natillas,
Sueña también la su torre
Con las cigüeñas henchidas,
Y el repicar de campanas
En la fiesta de la ermita.
Ay, dehesas de Extremadura,
Rebaños de lana fina,
Mastines que están de guardia,
Buitres de sagaz pupila
Que siempre van al acecho
De la oveja mal herida,
Y órdenes del Rabadán
Dominando la vigilia
De la noche y la majada
Que en el cerro se cobija.
Todo se aduerme careado
En su paz y en su medida
Únicamente el pastor
No duerme , que suena, herida
   La rosa de los recuerdos
 De la su aldea querida.
    Ay, pastor, que estas en Babia
Ay, noche que mal abrigas
Los decires sin palabras,
Las añoranzas no escritas,
Del pastor que está en su chozo,
Como un puño en su pelliza,
Siempre clavado en su Babia
Tan bien llevada y traída

Ø      Por aquí hubo linajes rurales, hidalguías rurales, lo mismo que por Laciana, Omaña y Luna. En Villablino se conserva un buen Padrón de estados,  de linajes y de él se pueden sacar la hidalguías que existían.

De tres clases se pueden hablar y se remontan desde el siglo XVII al XIX:
-         Los Hidalgos de Privilegio: que tenían su escudo de armas reconocido en un Privilegio concedido por el Rey, o por un Señor del que dependía el Hidalgo o el pueblo.
-         Los Hidalgo Notorios, que generalmente lo eran de sangre, y como tales se les tenia y reconocía y aceptaba, tanto su hidalguía como sus piedras armeras.

-         Y los de Casa Solar y Armas Pintar, que tenian su casa solariega y el derecho a pintar armas con motivos atinentes al linaje, aunque no se les reconocía el diploma o el título, pero si la casa y el derecho.

Ø      Los linajes babianos mas abundantes fueron los de Privilegio. Muchos fueron caballeros de Santiago.

Ø      Los más antiguos de Babia fueron los Flórez que tenían casa en La Vega y en Riolago. En su emblema está la flor de lis motivo heráldico francés.

Ø      Otros muchos, no solo de León, sino nacionales. Los Lorenzana, en Villasecino y también en Laciana. Los Miranda, los García, los Taladriz, los Carballos, los Álvarez Gómez, los Quirós.

Ø      De los Gómez se dice y no deja de ser una cosa curiosa, que el abuela o el bisabuelo de Joselita el torero y de Rafael el Gallo su hermano, que llevaban el apellido de Gómez, había sido un pastor babiano de ese linaje, de los que trashumó a Extremadura

Ø      No olvidemos a los Guzmanes y a los Quiñones que son dos de los grandes linajes leoneses, también con asentamiento por aquí, que de los Quiñones viene el título de Condes de Luna.

Ø      Salvo el Conde de Luna no había títulos nobiliarios, todos eran hidalgos rurales y eran los caciques los que gobernaban por aquí. . Los Quiñones tenían señoríos muy prepotentes y especialmente depredadores, que tuvieron mucha importancia en la Corte, y fueron Adelantados Mayores y Merinos Mayores de Asturias y León


Ø     
Estas hidalguías lo que gozaban era de ciertas exenciones, se cotizaban a un precio social porque estaban exentos de muchas cargas. Al Rey no se le debía más que "moneda e hueste" generalmente. Y el "yantar de rico ome", que era aquel que en nombre del Rey venía  por Babia a hacer su recorrido. De lo que el rey nunca se desvinculó fue del "portazgo", que era el vínculo que ataba a la tierra y al pueblo al Rey.. Ese vínculo nunca se enajenó.

Ø      Estos linajes se van relacionando,  y luego  casi todos eran ya apellidos compuestos, del tronco, de los adyacentes, de los matrimonios. Estos hidalgos generalmente se casaban con hidalgos, no solía suceder que se casasen con personas de "estado llano".

Ø      Del poder eclesiástico, de los señoríos abaciales, el más fuerte lo tuvo san Isidoro. Y los Quiñones algún pecho o algún diezmo o quinteria, que esos aguantaron en Omaña, hasta que en 1.931 don Vicente Flórez redimió el foro del pan del cuarto.

Ø      Cambia el tema por las primeras novillas de pardo alpinas que llegaron a Babia. Aquí, como en Laciana y en Omaña, existía la vaca del país, una negra, otra rayada, la otra castaña, cada una a su aire. Ese fue un momento histórico párale ganado de Babia, porque la pardo alpina se contagió  a todos los pueblos, y hoy prácticamente puede decirse que el 90% es pardo alpina. Es una raza regular de leche, muy bien, pero que muy bien aclimatada, dura, esclava, de buena carne y, además, buena para el trabajo. Es por eso por lo que en Babia se le empezó a mimar y se ha ido mejorando mucho.

Ø      Cuentan que fue Benigno Rodríguez que era de aquella Jefe Provincial de Ganadería, el que compró en la Feria del Campo 19 novillas para la provincia de León, justo el día 10 de julio de 1.966. y fueron dos para Valdelugueros, dos para Cármenes y el resto se cree que fue todo para Babia, pues al comienzo en Laciana la gente fue más remisa. Al cabo de un año  se pagaron los jatos a más de 40.000 Ptas. causando sensación en toda la zona. Ya entonces la Caja de Ahorros comenzó a hacer más importaciones. Las novillas primeras que trajo Benigno eran austriacas, luego se importaron más de Suiza.

Ø      Había tanto mimo por el ganado que la gente se va a los concursos y hay de aquel que pasaba dos o tres jatos en un concurso y se venia para casa con un premio de medio millón de pesetas. Ahora que la agricultura se fue a pique porque vas buscando lentejas que siempre tuvieron fama y todavía las nombran en los libros de gastronomía y no encuentras ni un kilo porque ya no se siembran.

Ø      Comenta Ángeles que eso se debe a que no hay pueblo que no tenga donde comprar lo que necesite, y lo mismo suben los carniceros, que los pescaderos o coges el coche y bajas a León.

Ø      Entre los cuentos que yo recuerdo, hay uno que contaba la Tia Lucina que era nacida en la Riera pero que donde vivió fue en Peñalba. Era la mujer de Laurentino. Era muy de calechos y filandones y aquel cuento era así más o menos. "Dice que había una mujer que se quedó viuda con muchos hijos, que el marido muriera pobre de unas tercianas. No tenía el chico mayor, que se llamaba Chamín, ni once años, y después de pasar un invierno muy malo, pensó la madre en mandarlo de zagal con los pastores trashumantes, a ver si así podía ir haciendo por la vida. Nunca Chamín había visto otra cosa que su pueblo, ni más allá de la vega, ni más lejos del monte había visto. Y andaba él ensimismado, como pensando en aquellas dehesas de lo que llamaban Extremadura, a donde se llegaba después de un mes. Para octubre ya vistió Chamín lo que su madre pudo buenamente hacerle, y un buen zurrón para llevar la impedimenta, que ese había sido de su abuelo.. vino el día que había dicho el Rabadán, se despidió Chamín de su madre y los hermanos, y para la majada del puerto se fue, que en pocos días salían los rebaños cañada abajo. El chico iba acobardado  entre aquellos hombres con lo que iba a convivir, cuidando los mastines al final del rebaño,  y algunas bromas le gastaban al verle el zurrón tan grande y tan pesado, que le hacía caminar ladeada la espalda.  En todas las jornadas fue Chamín allí triste y silencioso entre los mastines, y le miraban ya los hombres con esa compasión con que se mira al huérfano.
Pasaban de la montaña al llano y de la ribera al páramo. Y llegaron a las dehesas extremeñas cumplidas las jornadas. Aquel día al indicarle a Chamín el chozuelo, vieron  el Rabadán y el Compañero que el zurrón del zagal estaba vacío, que la impedimenta que tanto parecía pesarle en el viaje allí no estaba. "¿Dónde echaste tus cosas, zagal?", le preguntaron, "que aquí de ellas vas a necesitar".  "Nada mío traía en el zurrón" contestó Chamín. Todos quedaron extrañados, y entonces el chico señalando por encima del cerro les confesó: "Yo no sabría volver a Babia, que todas esas tierras ni las sé ni las conociera. Antes de salir, fui muchos días por el río cogiendo piedras blancas y de ellas llené el zurrón sin que mi madre me viese, y  por el camino le he venido tirando para por ellas volver." Sonrieron asombrados el Compañero y el Rabadán, y decía la Tía Lucina que aquella noche soñó Chamín con las blancas señales que siempre le conducirían a Babia, y durmió tranquilo.
Cuantos niños con sueños parecidos se harían mozos por aquellas dehesas de las majadas extremeñas.

Ø      Y hablando de niños, la tía Ángeles, recuerda una costumbre en el pueblo de Cospedal, que era la de los niños de ir a pasar la fuente del Abedul, todos los años el día de Jueves Santo . ¿Qué era pasar la fuente?. Esta fuente mana por debajo de la roca, como una especie de cueva, y tiene comunicación hacia arriba. El día de Jueves Santo era costumbre ir allí y los niños entraban en la fuente por arriba y salían por abajo sin mojarse. Eso todos los niños de pueblo , hasta que ya al ir creciendo no podían pasar.  Como si llegado ese momento, para los diez o los doce años,  dejaras de ser niño porque ya no se podía pasar la fuente.

Ø      Se cuenta de Tomás, el del caserío de Carrasconte, que se metió por ahí en negocios que debieron valerle más de la cuenta, y acabó mal,  arruinado, con más acreedores que días tiene la Cuaresma. Ya con tantos requerimientos le habían baldado y el hombre se encontraba lo que se dice en las últimas. El caso es que un día los siete u ocho acreedores que más le tiraban reciben una invitación para que vayan a comer al caserío, que quiere liquidar  y quedar en paz con todos. Era un día de primavera muy bueno. . En el corral , a la vera de un cerezo, estaba preparada la mesa, y en una buena lumbre asándose un borrego.  Sacó el pellejo de vino Tomás y con lo que en él quedaba llena cuatro jarras. Se sientan a comer y enseguida a darle al borrego. "Pan siento no darles, que no me fiaron" les advierte Tomás. "Siendo la carne tan buena, ni falta hace" le contestaron ellos.  Y metida va, metida viene, hasta que el borrego va quedan en los huesos. Y Tomás allí mirándoles y trayendo más tajadas. Los acreedores parece que estaban más contentos que unas pascuas. "La idea que tuviste fue una idea superior, Tomas" le dicen  luego satisfechos. "Así da gusto comer". Y él les contestó: "Pues coman, que de lo suyo comen, que ya después del borrego poco van a poder arramplar de esta casa, que aquí mío ya me parece que ni yo mismo soy. Con estas asaduras se comieron lo último que del patrimonio  me quedaba, y de esta forma ya no podrán quejarse".

Ø      Contaban aquello - dice Ángeles-  de aquel pastor que como por el invierno encerraban las ovejas, se quedaba esos meses sin trabajo, y entonces él, se las daba de listo,  se marchaba a las escuelas de Asturias,  a las escuelas de las aldeas. Fijaros que ilustrado. Y llegó un día a una aldea que estaban en misa, y cuando salieron fue y se presentó diciendo: "Soy el maestro que viene a este pueblo a enseñar. Con poco que me paguen para mantenerme voy a conformarme". Entonces le dijeron: "Pues muy bien, pero lo tenemos que examinar, a ver qué es lo que sabe, para contratarlo". "Bueno, eso como ustedes quieran" asintió él. Y ya el alcalde del pueblo le escribió un problema que era este: Tenemos seiscientos reales y los queremos repartir entres tres, a cómo tocan. "Pues tienen que dejarme solo en una habitación  para que yo pueda echar bien las cuentas", dijo el pastor, "que estas cosas me gusta hacerlas a conciencia". Total, que le dejaron allí en un cuarto y estuvo un buen rato, y al cabo salió. "Bueno, el problema ya está y seguro  que no me equivoqué". "Pues, hala, díganos la solución". "Dos tocan a trescientos reales y el otro a nada". No me digáis que no era un buen matemático.

Ø      Seguro que os acordáis de Don León - prodigue Ángeles - un maestro que era de Robledo, que estaba casado con Basilisa. El era un hombrin. Y contaban aquello de que sacó a un rapaz al encerado y él escribía León, con acento en la o. "¿Qué dice ahí?" le preguntaba al rapaz. "León" le contesta. "¿Y si le quitamos el acento?". Y el rapaz mira cohibido y lloroso y dice : "Basilisa".

Ø      Otro de los personajes famosos de esos de contar y nunca acabar, uno que se llevaba la palma, era Cueta. Era un hombre muy ameno, bromista, de ingenio natural.  Y bajaron una vez a León un grupo de conocidos,  a la feria de San Andrés. De aquella bajaban  con las mantas y las caballerías y se albergaban todos juntos en algún mesón. Bueno, pues salieron  a dar una vuelta por la capital y uno de ellos pintó en un cartón un letrero que decía: "Ahí va Cueta" y se lo colgó a Cueta a la espalda. . Claro, la gente al verlo le señalaba y decía leyendo el cartel: "Ahí va Cueta". Y Cueta todo extrañado y satisfecho: "Coñe, pero yo no sabía que era tan famoso, yo fuera de Babia no sabía que me conociera tanta gente. Mira tu dónde va a llegar uno". Y así anduvo tan ufano, hasta que al llegar al mesón descubrió la gracia entre las risas de sus compañeros. Entonces el hombre decidió vengarse. Salió a una droguería y compró jalapa, que era una purga para el ganado. Por la noche fue a la cocina del mesón, a ver al ama y a decirle con disimulos:" Mire, que esos compañeros que traigo no me gustan, no vayan a llevarse algo y pague yo la culpa".  Y en un descuido echó la jalapa en el pote que les tenía para ellos.  Ya cuando fueron a cenar fingió que no estaba bien, que le dolía el estómago y no probó las sopas. De noche la jalapa hizo sus efectos y unos y otros ni de correr tuvieron tiempo. Hasta en la palangana y en los cubos tuvieron los pobres que aliviarse.  Y de madrugada les daba vergüenza irse dejando  aquello allí. Total, que cogieron unas mantas  y en ellas lo sacaban disimulando, cuando el ama, que tenía la mosca detrás de la oreja, los sorprendió. "¿Qué llevan ahí, qué llevan?". . y a las voces de la mujer todo el mesón se revolucionó. Y Cueta partiéndose de risa en la escalera. "Un tesoro escondido, señora mía, y en buena hora pilló a los compadres con las manos en la masa. Por nada del mundo les deje irse sin que se lo enseñen", gritaba Cueta a toda la concurrencia.

Ø      Otro bromista era don Telesforo - recuerda Ramiro - . Como emblema de hidalguía tenía una cabeza de carnero,  y de toda la casa la pieza más importante era la que él llamaba la biblioteca del Francés, una despensa llena de jamones, cecinas, lomos, chorizos  y demás volúmenes. Aquí por Babia pasó un periodista de un periódico de Madrid, que luego que luego escribió un articulo sobre esto. Y al pasar en el coche se conoce que vio un par de burros en un prado. Luego en el artículo decía que lo más importante en la economía babiana era el ganado asnal. Don Telesforo ni corto  ni perezoso le escribió al director del periódico:"Dada la agudeza de observación del enviado de su periódico, conviene aclararle que el único asno que se ha paseado por Babia es él, y para promocionar nuestra ganadería aquí quisiéramos tenerlo pastando y rebuznando, a no ser que en su digno periódico todos lo hagan, y más a gusto el interfecto se encuentre, cosa que nada me extrañaría".

Ø      Vitor Grandilla - dice Ángeles - fue el que una vez se la gastó a don Telesforo. Creo que el tal Grandilla era del bierzo y se había casado ahí en Torrebarrio. Don Telesforo era muy cazador y cazando andaba un día por el monte. Llevaba Grandilla una burra con centeno al molino de La Vega, y allá en un alto vió a don Telesforo con la escopeta y el perro. Paró la burra y comenzó a llamarle a gritos, haciendo grandes aspavientos, como si algo malo le pasara. Claro, don Telesforo al verle así echó monte abajo, y Vitor venga a chillar y a llamarle. Con que llega don Telesforo, todo sudoroso y apurado, el corazón en la boca. "¿Qué te pasa, Vvitor?, ¿qué demonios pasa?". "Coñe, don Telesforo, mire usted, fíjese bien, que esta burra que traigo está la pobre reventando por hablar y yo no la entiendo". La burra andaba en celo, y cuando las burras andan en celo mascan, mueven la boca como si hablaran. "Y, claro, ya ve el pobre animal , lo mal que lo pasa. Igual usted que es ilustrado de carrera puede entenderla, que más se le semejara y mejor la escucha". Dicen que don Telesforo bajó la escopeta del hombro y llegó a cargarla mientras Grandilla corría.

Ø      Cuentan otra historia de la foto que hizo  don Telesforo a la salida de misa

Ø      Y las grandes nevadas en la Cueta antes de la guerra civil, pero eso será para otro día