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| EL FILANDÓN |
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La Asociación Reino de León de Alicante celebra anualmente, al acercarse las fiestas navideñas, un Filandón al amor de una lumbre. El día 15 de diciembre del año 2.000, tras una opípara cena leonesa, al amor de una lumbre nos reunimos cerca de un centenar de personas dispuestos para disfrutar del filandón, contando y escuchando historias más o menos verídicas. Para esta ocasión ofició de introductor nuestro asociado Don Fernando Gaona Martín, que nos ilustró sobre el origen, significado y desarrollo del tradicional filandón. Por su enorme interés reproducimos a continuación la animada representación de Fernando, al que no podemos por menos que agradecer el enorme interés y esfuerzo empleados. |
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| EL FILANDÓN BERCIANO |
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Las gentes se reúnen después de cenar en el horno comunal (Cuecen el pan por riguroso orden y siempre está caliente) o cocinas espaciosas o en la de aquel vecino más socarrón y hospitalario. A la hora señalada, van llegando poco a poco los hombres, unos con varas de mimbre (cestos) o tiras finas de madera para hacer sus maniegos, otros con los botos de mazar la leche. Las mujeres, con la rueca, el huso , lana , lino y estopa para hilar. |
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Las mozas bordarán sus ajuares o la camisa de lino para su prometido que
regalaban el día de la petición de mano. Los mozos llegaban los últimos
porque acababan de echar la ronda que era como el aviso del comienzo del
Filandón. Los mozos no hacen nada solo hablar con las mozas y prenderle
la estopa a alguna hilandera descuidada.
En el centro cuelga de una pregancia sobre las brasas, el tambor de las castañas que un mozo remueve continuamente. Se alumbran con aguzos o gabuzos, palos secos de brezo o de urz que tiene una llama muy clara y luminosa. Cuando están todos reunidos comienza la agradable velada. Los que llevaron el odre con la elche, después de dejarla calentar unos minutos al pie de la lumbre, comienzan a mazarla con un vaivén rítmico que alguno acompaña con canciones cadenciosas que recuerdan a los arrullos de los niños. Mazate leche En boto mazado Que mucha manteca Me tienen apartado Mazate leche De mi vaca loura Y aparta manteca Que eres leche buena A ro, ro, ro, ro, ro, ro, ro. Cada cual se entretiene en sus labores. Sobre el Chocolateo de los botos se sobrepone el alegre griterío de los jóvenes o las conversaciones graves de las viejas hilanderas que con la rueca colocada a la cintura hacer girar vertiginosamente el huso. El mazador prosigue absorto en el movimiento de sus brazos y continua con su canción Mazate leche Mazate nata Sino te mazas Te daré a la gata. Mazate leche Con tu rebullin Para mi la manteca Y la leche para ti Los cesteros siguen a su labor. Algunos más "curiosos y apañaos" pasan el tiempo decorando unas galochas nuevas. A veces los niños van la Filandón. Entonces los protagonistas de las reuniones son los más ancianos. A petición de la concurrencia relatan las historias más curiosas de sucesos unas veces legendarios, otros históricos pero deformados con el correr de las noches de tertulia. Contarán inevitablemente la leyenda del lago de Carucedo, la de San Genadio protector del Bierzo, hablarán de las mozas que en la noche de San Juan salen a peinarse en los arroyos y que son princesas que están esperando al mozo que se llegue a ellas y sepa desencantarlas; contarán leyendas de aparecidos y almas en pena y algun anciano lago más culto referirá como verídicos los amores de don Alvaro Yánez y doña Beatriz de Osorio. Cuando avanzada la noche han dado remate a su labor, todos se agolpan junto al fuego, se sacan las castañas, se pasa de mano en mano el vino caliente y azucarado que han traído de la taberna y entre ronda y ronda del jarro, se juega a las cusillinas, acertijos con los que los más sabios ponen a prueba el ingenio de su auditorio. Se canta, se baila, se cuentan chistes y chismes. Pero un buen día la juventud ha decidido preparar un Filandón para ellos solos. Lo hacen en el más estricto secreto y nadie se ha enterado. Bueno, solo alguien más: unas pandereteras y algunos ancianos ocurrentes que lejos de estorbar ponen su nota jocosa en la reunión. Además no está bien visto que la juventud se reúna sola, bajo el pretexto de que siempre tiene que haber alguien que vele por las buenas costumbres. A pesar de estos cuidados, muchas madres no dejarán ir a sus hijas al Filandón; pero las muchachas sabrán burlar la vigilancias de sus guardianes. La cuidada de mi madre Madre de mi corazón Piensa que estoy en la cama Y estoy en el Filandón Además la autoridad eclesiástica lo ha prohibido. El cura ha leído en la Iglesia unas cartas recibidas del Obispado de Astorga donde prohíbe estas costumbres y otras parecidas. Los mozos y las mozas bailan al son de la pandereta, la jota, las boleras o el corrido. De pronto, el mozo más avispado apaga el aguzo. Un sobresalto recorre todo el Filandón, gritos de las mozas e improperios de los viejos que ponen cara de circunstancias mientras recuerdan aquellos años ya lejanos cuando ellos esperaban también ese momento. Después de comer las castañas y beber el vino, con el calor de la queimadina las viejas templan la pandereta y entonan las danzas rituales: Una berciana en el Bierzo Vendió siete castañares Para comprarse en la feria Vuelta y media de corales. Y continúa la solista alzando la voz por encima del acompasado ritmo del pandero. Una noche que fui al filandero Ay, al tiempo de ir a pasar Engánchaseme una arbedeira Que rompió me todo el delantal. Ten cuidado rapacina No te vayas a engañar Que los rapaces son tunos Y en tiempo pudote pasar. La reunión sigue en este tono hasta que las pandereteras juzgan que es la hora de finalizar y entonan las despedidas: Vamonos de aquí señores Que las estrellas van altas Ya viene la luz de día Descubriendo nuestras faltas La comitiva se deshace lentamente. Por un momento recorre el pueblo un galocheo acompasado y el débil resplandor de los fachizos de paja, ponen una nota luminosa en la tremenda oscuridad de la noche berciana. A lo lejos algún mozo remolón aún entona con voz ronca: La despedida les doy Poco tiempo va a durar Que en el filandón de mañana Nos volvemos a encontrar |
| EL FILANDÓN DE BABIA Y OMAÑA |
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Ø Recuerda los filandones cuando vivía su madre tomando copitas de licor de Coyanza con la receta que le había dado la maestra de Valencia de Don Juan, Doña Ricarda. Ø Se sientan en el escaño y como del licor aquel ya no queda van a probar la tarta babiana con una mostacilla. Ø Es tarta de pastores y, como tal, de migas. Receta: un cuarto de mantequilla fresca, un trozo de hogaza reposado por lo menos dos días, cuatro huevos, un tazón de leche y azúcar. La dificultad está en darle el punto. Ø Modo de hacerla: En un recipiente que sea un poco extendido echas la mantequilla a diluir, al fuego. Rayas o desmenuzas bien el pan y lo viertes para que vaya friendo en la mantequilla, que quede bien empapado en ella. Agregas tres cucharadas de azúcar y lo mezclas todo bien, y ya lo quitas de la lumbre. Bates cuatro huevos bien batidos y les agregas un tazón de leche. Lo echas todo en el recipiente mezclándolo, bien removido. Añades un poco de azucar si ves que la necesita, porque tiene que estar dulce y al horno. La torta sube y cuando la ves completamente dorada la sacas. Baja entonces un poco y lista para comer. Ø También prueban los hojaldres. Ø Así eran los buenos filandones empezabas cascando una nueces y se terminaba sacando el brazo de gitano. Ø Jesús dice del dicho de "estar en Babia" y las distintas interpretaciones: 1. La más corriente es la que recogió Víctor de la Serna en su libro donde, por cierto, a Babia la llama la tierra de los perfumistas, porque babianos eran los que hacían aquella colonia que fue tan famosa en Madrid. Se refería los Álvarez Gómez. Se dice que a los reyes de León les gustaba venir a Babia para evadirse de los pleitos y de las intrigas de la Corte. Para ellos era un paraíso donde correr los corzos, osos y jabalís. Claro que con el Monarca ausente, los nobles intigraban a sus anchas, y los súbditos leoneses decían: El Rey está en Babia" con lo que daban a entender que el Rey no quería saber nada de nada. "Estar en Babia" se dice que es unestado psicológico que se encuentra a medias entre el "dolce lar niente" y el "no quiero saber nada. |
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2. Ramiro dice que esa interpretación es como la más vistosa y extendida, pero no tiene traza de ser verdadera. Le parece mejor laque da Manolo Rabanal en un artículo que publicó un periódico de Madrid. Y que además es una interpretación que coincide con el romance que precisamente se titula, o así se le conoce, como Romance del Pastor que estaba en Babia. Es una interpretación más realista porque los pastores babianos dejaban todo cuando se iban a Extremadura, eran unos meses lejos de la familia, de los seres queridos, lejos de sus pueblos. Y estar en Babia era el gesto ausente, ensimismado, de su nostalgia y de su recuerdo tan vivo y tan lógico. Imagina, además, la vida solitaria del pastor, aparte de que el babiano (como dice la Pícara Justina del leonés en general) es muy morido de su tierra. |
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| Ø El Romance del pastor que estaba en Babia dice así: | |
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Cuando la noche se abaja Toda en su manto guarnida Ya se avivan en el chozo Brasas de melancolía, Ya está la majada quieta Tan ordenada y cumplida Y ya señorea la luna Sobre la tierra enganida. El pastor ovejerico Es un puño en su pelliza. Ladra el mastín en el cerro, Runrunean las esquilas, La noche, toda se encalma Con las estrellas furtivas. Ay, el mi pastor galano Que en vez de cantar suspira Cómo le vienen y avanzan Visiones de lejanía, Recuerdos de tierra luenga, Ecos de las tierra frías, Y un dulce clamor que hiere, En el alma estremecida. Ya está en el chozo la Babia Siempre llevada y traída Tan lejana, tan lejana, Y en el corazón metida. El ovejerico sueña De la su novia caricias Y sueña de la su madre Carantoñas y natillas, Sueña también la su torre Con las cigüeñas henchidas, Y el repicar de campanas En la fiesta de la ermita. Ay, dehesas de Extremadura, Rebaños de lana fina, Mastines que están de guardia, Buitres de sagaz pupila Que siempre van al acecho De la oveja mal herida, Y órdenes del Rabadán Dominando la vigilia De la noche y la majada Que en el cerro se cobija. Todo se aduerme careado En su paz y en su medida Únicamente el pastor No duerme , que suena, herida La rosa de los recuerdos De la su aldea querida. Ay, pastor, que estas en Babia Ay, noche que mal abrigas Los decires sin palabras, Las añoranzas no escritas, Del pastor que está en su chozo, Como un puño en su pelliza, Siempre clavado en su Babia Tan bien llevada y traída |
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Ø Por aquí hubo linajes rurales, hidalguías rurales, lo mismo que por Laciana, Omaña y Luna. En Villablino se conserva un buen Padrón de estados, de linajes y de él se pueden sacar la hidalguías que existían. De tres clases se pueden hablar y se remontan
desde el siglo XVII al XIX: |
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- Y los de Casa Solar y Armas Pintar, que tenian su casa solariega y el derecho a pintar armas con motivos atinentes al linaje, aunque no se les reconocía el diploma o el título, pero si la casa y el derecho. Ø Los linajes babianos mas abundantes fueron los de Privilegio. Muchos fueron caballeros de Santiago. Ø Los más antiguos de Babia fueron los Flórez que tenían casa en La Vega y en Riolago. En su emblema está la flor de lis motivo heráldico francés. Ø Otros muchos, no solo de León, sino nacionales. Los Lorenzana, en Villasecino y también en Laciana. Los Miranda, los García, los Taladriz, los Carballos, los Álvarez Gómez, los Quirós. Ø De los Gómez se dice y no deja de ser una cosa curiosa, que el abuela o el bisabuelo de Joselita el torero y de Rafael el Gallo su hermano, que llevaban el apellido de Gómez, había sido un pastor babiano de ese linaje, de los que trashumó a Extremadura Ø No olvidemos a los Guzmanes y a los Quiñones que son dos de los grandes linajes leoneses, también con asentamiento por aquí, que de los Quiñones viene el título de Condes de Luna. Ø Salvo el Conde de Luna no había títulos nobiliarios, todos eran hidalgos rurales y eran los caciques los que gobernaban por aquí. . Los Quiñones tenían señoríos muy prepotentes y especialmente depredadores, que tuvieron mucha importancia en la Corte, y fueron Adelantados Mayores y Merinos Mayores de Asturias y León |
Ø Estas hidalguías lo que gozaban era de ciertas exenciones, se cotizaban a un precio social porque estaban exentos de muchas cargas. Al Rey no se le debía más que "moneda e hueste" generalmente. Y el "yantar de rico ome", que era aquel que en nombre del Rey venía por Babia a hacer su recorrido. De lo que el rey nunca se desvinculó fue del "portazgo", que era el vínculo que ataba a la tierra y al pueblo al Rey.. Ese vínculo nunca se enajenó. Ø Estos linajes se van relacionando, y luego casi todos eran ya apellidos compuestos, del tronco, de los adyacentes, de los matrimonios. Estos hidalgos generalmente se casaban con hidalgos, no solía suceder que se casasen con personas de "estado llano". Ø Del poder eclesiástico, de los señoríos abaciales, el más fuerte lo tuvo san Isidoro. Y los Quiñones algún pecho o algún diezmo o quinteria, que esos aguantaron en Omaña, hasta que en 1.931 don Vicente Flórez redimió el foro del pan del cuarto. Ø Cambia el tema por las primeras novillas de pardo alpinas que llegaron a Babia. Aquí, como en Laciana y en Omaña, existía la vaca del país, una negra, otra rayada, la otra castaña, cada una a su aire. Ese fue un momento histórico párale ganado de Babia, porque la pardo alpina se contagió a todos los pueblos, y hoy prácticamente puede decirse que el 90% es pardo alpina. Es una raza regular de leche, muy bien, pero que muy bien aclimatada, dura, esclava, de buena carne y, además, buena para el trabajo. Es por eso por lo que en Babia se le empezó a mimar y se ha ido mejorando mucho. Ø Cuentan que fue Benigno Rodríguez que era de aquella Jefe Provincial de Ganadería, el que compró en la Feria del Campo 19 novillas para la provincia de León, justo el día 10 de julio de 1.966. y fueron dos para Valdelugueros, dos para Cármenes y el resto se cree que fue todo para Babia, pues al comienzo en Laciana la gente fue más remisa. Al cabo de un año se pagaron los jatos a más de 40.000 Ptas. causando sensación en toda la zona. Ya entonces la Caja de Ahorros comenzó a hacer más importaciones. Las novillas primeras que trajo Benigno eran austriacas, luego se importaron más de Suiza. Ø Había tanto mimo por el ganado que la gente se va a los concursos y hay de aquel que pasaba dos o tres jatos en un concurso y se venia para casa con un premio de medio millón de pesetas. Ahora que la agricultura se fue a pique porque vas buscando lentejas que siempre tuvieron fama y todavía las nombran en los libros de gastronomía y no encuentras ni un kilo porque ya no se siembran. Ø Comenta Ángeles que eso se debe a que no hay pueblo que no tenga donde comprar lo que necesite, y lo mismo suben los carniceros, que los pescaderos o coges el coche y bajas a León.
Ø
Entre los cuentos que yo recuerdo,
hay uno que contaba la Tia Lucina que era nacida en la Riera pero que
donde vivió fue en Peñalba. Era la mujer de Laurentino. Era muy de calechos
y filandones y aquel cuento era así más o menos. "Dice que había
una mujer que se quedó viuda con muchos hijos, que el marido muriera
pobre de unas tercianas. No tenía el chico mayor, que se llamaba Chamín,
ni once años, y después de pasar un invierno muy malo, pensó la madre
en mandarlo de zagal con los pastores trashumantes, a ver si así podía
ir haciendo por la vida. Nunca Chamín había visto otra cosa que su pueblo,
ni más allá de la vega, ni más lejos del monte había visto. Y andaba
él ensimismado, como pensando en aquellas dehesas de lo que llamaban
Extremadura, a donde se llegaba después de un mes. Para octubre ya vistió
Chamín lo que su madre pudo buenamente hacerle, y un buen zurrón para
llevar la impedimenta, que ese había sido de su abuelo.. vino el día
que había dicho el Rabadán, se despidió Chamín de su madre y los hermanos,
y para la majada del puerto se fue, que en pocos días salían los rebaños
cañada abajo. El chico iba acobardado
entre aquellos hombres con lo que iba a convivir, cuidando los
mastines al final del rebaño, y
algunas bromas le gastaban al verle el zurrón tan grande y tan pesado,
que le hacía caminar ladeada la espalda.
En todas las jornadas fue Chamín allí triste y silencioso entre
los mastines, y le miraban ya los hombres con esa compasión con que
se mira al huérfano. |